Un inquietante síntoma para la democracia

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Miguel Franjul.-

Es un inquietante y mal síntoma para la salud de nuestra democracia que la gran mayoría de los electores no acudiera a los sufragios del domingo.

Claro reflejo de una desmotivación ciudadana que, a su vez, puede tener sus raíces en una desconfianza en el sistema político, que es el motor que impulsa las dinámicas de la democracia.

Cuando una parte significativa de la población apta para el voto decide voluntariamente no participar, y otra forzosamente hipoteca su voto, está poniendo en jaque la capacidad del sistema para dar respuestas a sus expectativas o necesidades ciudadanas.

La abstención pone en entredicho, de golpe, la legitimidad de los gobiernos o autoridades elegidas y, por vía de consecuencias, genera un impacto de desconfianza en las instituciones democráticas.

Varios factores pueden influir en este fenómeno.

Por ejemplo, la impunidad frente a los políticos o autoridades corruptas, la falta de transparencia, la polarización política, la desigualdad social y la falta de representatividad de todos los sectores en los estamentos de decisión.

La compra de votos, una práctica muy generalizada en estos procesos, distorsiona el sistema electoral al comprometer la libre voluntad de los ciudadanos.

Y, por igual, socava la igualdad de condiciones en una contienda política.

Los partidos concurrentes a las elecciones municipales y a las nacionales, de mayo, deben medir el impacto que estas maniobras han tenido.

Todos ellos deberían comprometerse a restaurar la confianza en los comicios, reforzando la conciencia ciudadana sobre el incalculable valor que esto tiene para un futuro más brillante de la democracia.

Cuando los ciudadanos pierden esta confianza, el propio sistema político queda deslegitimado.

Bajo tal estado de debilidad, se pueden perpetuar las desigualdades sociales y económicas que se procuran subsanar a través de la alternabilidad en el poder.

Y eso podría situarnos a un paso de la opción más ominosa y de triste recordación para los dominicanos: la dictadura.

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