Trujillo y el papel de la teatralidad en la Era

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ELOY ALBERTO TEJERA.-

Siempre es bueno repasar el papel que jugaron las instituciones, los hombres y mujeres en determinados períodos de la historia, y el de la Era de Trujillo es uno de ellos.

El libro de Eddy Pereyra “La propaganda de Trujillo” nos permite esto. Volver sobre aquella era nos permite pensar y analizar en perspectiva lo que hoy somos. ¿Quizás el resultado de aquello?

Si hubo un político que descubrió (por intuición, que

en muchos casos resuelve más que la inteligencia) la

importancia de la teatralidad en el poder para perpetuarse

y encumbrarse, ese fue Rafael Leónidas Trujillo. Intuyó

esto, de ahí que desde sus inicios se animara y procurara

utilizar ardides publicitarios, consciente de los efectos que

la propaganda produce en los subordinados o gobernados.

Pereyra nos va tejiendo acontecimientos y recordando

hechos que muestran la consistencia que tuvo Trujillo en

lo teatral como recurso para afianzar su imagen; además

de la utilización de la propaganda, como elemento de

afianzamiento político: de ahí lo bien cuidado del afiche, del

sello en su correspondiente efeméride.

Propagar su figura, nombre, imagen, actos, y hasta el terror.

Todo en conjunto. Fue ese el ariete que le permitió que

posteriormente se le cincelaran bustos. Meticulosamente,

asistido, al parecer, por la precisión y consistencia de un

reloj suizo, Trujillo no cejó un milímetro en su deseo de

constituirse en figura única de adoración.

 

En el texto Eddy Pereyra nos recuerda la importancia del

engranaje y los movimientos ajedrecísticos para tener éxito

en la política. De ahí que Trujillo se rodeó de intelectuales

y cafres. A los primeros más bien los puso a su servicio

e inauguró una oscura práctica que se perpetuaría hasta

nuestros días: los inutilizó al ponerlos en la nómina pública,

de cuyas tetas el pecho escuálido es el pueblo dominicano.

Este libro Pereyra establece una interesante hipótesis y que

podrá agregar reflexión o polémica a lo que representó la

figura de Rafael Leónidas Trujillo en la sociedad dominicana.

¿Su régimen se implantó en base al terror o a la propaganda?

¿Qué tuvieron más poder de convencimiento para mantener

a un pueblo a rayas durante 31? ¿Ayudó más la silla eléctrica,

la bala, la picana en mano villana o el afiche o la voz del

adláter reproduciendo loas y merecimientos al Jefe?

Otro dato importante a señalar es que el texto La propaganda

de Trujillo contextualiza el papel que jugaron todas las

instituciones durante la era, les da el perfil a los personajes.

Así como el nombre de Joseph Goebbels es sinónimo de

propaganda, así el de Trujillo (a mi juicio) es de la manipulación

astuta, llevada a grado extremo. En La propaganda de Trujillo,

Pereyra relata hechos donde Trujillo se vale en ocasiones de

una frase ingeniosa para acentuar un hecho, o una decisión,

para parecer altruista o más benévolo de la cuenta.

El culto hacia la personalidad fue el sello utilizado en su

época, y hasta acá cargamos ese lastre. Es el sello gomígrafo

que se usa en todas las instituciones y que presidentes

dominicanos hasta el momento echan mano para gobernar.

No exageran los ciudadanos cuando expresan que en el país

después de Dios, la figura más importante en la tierra es el

presidente de la República.

El libro La propaganda de Trujillo es un simple y siniestro

recordatorio de que estaba en el sello, en la boca el lambón,

en el nombre de la ciudad, en las paredes de la casa, pero

sobre todo en las mentes del dominicano más humilde y en

el más encopetado.

Al final, como ocurre en los cuentos cuya delicia es el terror,

el cuerpo del dictador quedó en un baúl escoltado por la

pestilencia; y el busto y la estatua en torno a su imagen y

semejanza, antes labradas, tirados y destrozados en las

calles, escupidos y pisoteados por la boca que, con el mismo

fervor, y le veneraban. Ya no habría propaganda, sino titular

de periódico para anunciar su muerte.

Al sumergirse usted en La propaganda de Trujillo, podrá

pasar balance, y luego asomarse al veredicto: ¿fue el poder

omnímodo de Trujillo producto del terror o de la propaganda

bien orquestada? Pereyra nos da aristas y su punto de vista,

las conclusiones las saca cada lector, y en ellas se acomoda

para seguir el curso de la historia con sus grandezas y

desmanes. Por lo pronto, “La propaganda de Trujillo” queda

como un aporte valioso en la amplia bibliografía que ha

inspirado el tirano.

 

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