Cuando ya no hay tiempo

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Lynn
Lynn

Cada día más me aferro a la frase de que cuando ya no haya tiempo lo único que quedará presente en mi memoria serán los esfuerzos, los actos de bondad y la buena voluntad con la que nos enfrentamos a la vida. Aunque penosamente para muchos esta frase será símbolo de lamento y arrepentimiento por no aprovechar lo que estuvo.

Nunca antes había sentido tanta felicidad por hacer algo por alguien como hasta hace poco. Antes de ayer falleció una persona muy amada por mí, que había sido un ejemplo de dedicación, de fuerza, de valentía y de perseverancia. Esta persona me había pedido hace meses el favor de ir a conocer mi casa y comer una comida preparada por mis manos; tenía ese gran deseo.

Por los afanes, el mal humor, la falta de tiempo y el estrés constante de la vida, yo postergué mucho la fecha y casi el evento no se da por mi poca disposición. Sin embargo, pese a todo eso se dio, y puede complacer a esa persona que tanto quería con lo que había pedido.

Hoy que esa persona no está con nosotros, siento que ese pequeño gesto ha reconfortado mi alma, saber que, aunque fue tarde que pude cumplir ese pequeño deseo, cociné con amor, preparé jugo y le di un pedazo de pastel. ¡Cuánta alegría había en su rostro!

Estoy segura que hoy la historia fuera otra si me hubiese ganado el cansancio, la falta de tiempo y la mala voluntad. Hoy estaría lamentando no haber cumplido un deseo tan mínimo, pero a la vez tan grande, como ese.

Y ahora que ya no hay tiempo para seguir cumpliendo más deseos o favores, me quedo con ese pequeño gesto que pude hacer, y que lo recordaré toda la vida. Lo usaré como una enseñanza para recordarme a mí misma cada día que no debo pasar por alto al amigo que me invita a salir, al amigo que necesita hablar, a quien me quiere visitar, a quien me pide un favor, a quien me hace una llamada… porque una vez lo pasé por alto y no puede seguir pasando más.

No puedo cerrar mis puertas, porque no sé qué día ya no habrá más tiempo. No sé qué día todo se acabará y solo quedará un recuerdo. Lo que hace la diferencia aquí es que ese recuerdo valga o no la pena.

Prestemos atención a nuestro alrededor, no existamos simplemente por existir, vivamos de verdad. De ser posible vivamos amando y regalando pequeñas alegrías a aquellos que lo piden a gritos.

Porque no sabemos (vuelvo y digo) cuando no haya más tiempo…

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