Lula, el Presidente Abinader y el Gordo Oviedo

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Tony Raful
El Presidente Luis Abinader, en su mensaje de pláceme, al Presidente electo de Brasil, Ignacio Lula, dice: “En nombre del Gobierno dominicano extiendo unas calurosas felicitaciones al presidente electo de Brasil por su triunfo. Estrecharemos nuestras relaciones bilaterales y profundizaremos nuestros vínculos para enfrentar cada vez más unidos los retos regionales”.
Este mensaje puede decodificarse en función de dos categorías axiomáticas, la profunda vocación democrática de nuestro estadista, por un lado, y por el otro, la visión hemisférica de colaboración y participación, para enfrentar unidos los desafíos sociales y económicos de nuestras naciones bajos las coordenadas de la democracia y la solidaridad.   Por otro lado, el Presidente de Estados Unidos Joe Biden, felicitó en la noche del domingo a Lula da Silva por su victoria en las elecciones presidenciales en Brasil, que han sido, dijo, “libres, justas y fiables”.
El tono enfático con el cual el presidente Biden califica los resultados de las elecciones presidenciales en Brasil no deja dudas, en el concierto de las relaciones hemisféricas, del respeto a la voluntad democrática del pueblo brasileño. Brasil, el gran gigante del sur del continente es uno de los países de mayores perspectivas de desarrollo industrial, económico, social y de contribución al liderazgo continental.
Se trata de configurar en esta hora dramática de la humanidad, una constante unificadora en las relaciones de intercambios, en las demandas expansivas de comercio, en la lucha por la paz y en la consolidación de los valores democráticos que moldean el mapa de la convivencia.  Un mandatario como el presidente Abinader que lidia en varios terrenos sin abdicar de sus compromisos primarios con sus electores y su pueblo, y se enfrenta a fenómenos globales que inciden en nuestra economía, duplicando su propio horario de labores en una entrega afanosa para cumplir con sus responsabilidades ejecutivas, está sentando cátedras de entrega solícita a los requerimientos puntuales de la coyuntura.
Gobernar una nación en medio de situaciones imprevistas reflejadas en crisis económicas, en epidemias y en guerras que trastocan el orden y alteran convenios establecidos en el equilibrio de precios de productos básicos, adquisición de bienes y servicios, no es tarea fácil, requiere fortaleza, estado ánimo y liderazgo. Igualmente la presencia serena, sobria y capaz del Canciller Roberto Álvarez consolida las políticas trazadas por el presidente Abinader.
Lo real y objetivo es que nuestro país es un modelo de democracia en América Latina, con una larga tradición en la lucha libertaria, con una democracia efectiva de logros y estabilidad admitidos por organismos financieros internacionales, con tareas pendientes de cambios profundos en el terreno material, iniciados con bríos por la actual administración y aportados en otros interregnos de la transición democrática, un país orgulloso de su identidad, defensor de su soberanía, digno de los colores emblemáticos de su bandera. Antes de morir, mi amigo de la adolescencia, José Ernesto Oviedo Landestoy (el Gordo Oviedo), me pidió que escribiera este artículo cuando Lula retornara al Poder. Me reí a mandíbula batiente, y le dije ¿y quién te dijo que Lula volverá, después de esa acusación y encarcelamiento? Me respondió, “volverá y no dejes de complacerme, desde el lugar donde me encuentre batiré palmas por ese artículo”.  ¡Misión cumplida, gordo!

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